COMO BUSCAR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO

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COMO BUSCAR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO
Hch. 19: 1-6 “Aconteció que entre tanto Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron. En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres”.
Vemos entonces como ciertos discípulos llaman la atención del apóstol Pablo y entonces les pregunta ¿recibieron el Espíritu Santo cuando fueron bautizados? y la respuesta fue ¿hay Espíritu Santo?, Pablo estaba evidentemente impresionado por la falta de espiritualidad en estos discípulos y le impresionó de tal forma que les preguntó, pues si estaban en la sinagoga, estaban oyendo palabra pero su comportamiento llamó la atención del apóstol Pablo y se dio cuenta que eran hombres faltos de entendimiento, de conocimiento y sobretodo de poder; fue tal la impresión del apóstol Pablo que les preguntó ¿ustedes son cristianos?¿ son bautizados?¿quién los bautizó?¿quién les predicó? Y ellos dijeron fuimos bautizados por Juan, y les dijo fueron bautizados pero les falto el complemento. Juan les bautizó en arrepentimiento, por la cual lo que había allí era una cantidad de cristianos arrepentidos, pero era una cantidad de cristianos que no tenían revelación del poder de Dios y no tenían conciencia de lo que significaba Jesucristo de Nazaret en sus vidas.
Al igual que pasó con estos discípulos en la iglesia hay muchos cristianos que no quieren pagar el precio, que no oran en la mañana ni en la noche. Si los cristianos no oramos, ni ayunamos, seremos cristianos que pasamos la vida sin pena ni gloria. Queremos que Dios nos prospere, queremos que Dios nos bendiga, queremos las manifestaciones del poder de Dios sin conocer que estas manifestaciones solo nos son dadas por el poder del Espíritu Santo y no hay acceso al Espíritu Santo si no hay comunión con Él. Lo que el apóstol Pablo estaba observando en estos discípulos, era como estaban llevando su vida, y era una vida vacía del Espíritu Santo, era una vida con palabra, pues, se habían arrepentido y no tenían conocimiento del Reino de los cielos y del poder de Dios.
No podemos tener expectativa de quien es Jesús y quien es el Espíritu Santo, lo que tenemos que hacer es tener comunión con ellos para tener poder, no podemos tener poder de Dios si no oramos, si desconocemos la unción y la autoridad que nos da el crucificar nuestros sentimientos, o sea, el ayuno.
Si no tenemos la llenura del Espíritu Santo que es el primer mandamiento después de ser convertidos, entonces seremos solamente de Juan, de la palabra.
Nosotros los seres humanos tenemos que pedir la llenura del Espíritu Santo de Cristo. El Espíritu mismo que levanto a Jesucristo de Nazaret de la muerte, es el Espíritu Santo que debe morar en nosotros para que tengamos poder ¿Por qué el Espíritu Santo de Cristo? ¿Es el mismo Espíritu Santo de Dios, de Adonaí, del Eterno, de Yawé? El Espíritu de Dios en Jesucristo de Nazaret tiene dones y cualidades específicas, tiene características específicas, tiene temperamento, tiene carácter y tiene personalidad; que es la de ser Consolador, la de recordarnos a nosotros el sacrificio vicario de Cristo, recordarnos la palabra y enseñarnos la palabra diáfanamente , transparentemente, apegados a la letra, sin torcer la doctrina y la teología de Cristo, sin apartarnos de la biblia; pero, el Espíritu Santo de Cristo es el que nos llena de poder, es el sello de la redención, es el sello de la autoridad de Dios plena aquí en la tierra.
Veamos ahora Ro. 8:7-9 “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no puede agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Si no tenemos al Espíritu Santo entonces estamos siendo enemigos de Dios, esto nos exige cumplir con la ley del antiguo testamento, volver a las sendas antiguas para no ser enemigos de Dios, para que conozcamos el poder, la cualidad y el don del Espíritu Santo que tienen que estar en nosotros, pues si no estamos sellados en el Espíritu Santo, seremos cristianos, profesantes sin fe y si vivimos según la carne no podemos agradar a Dios (1Jn. 1, 2, 3 concordancia de este texto).
Las características del Espíritu Santo de Cristo en nosotros deben ser paz, gozo, longanimidad, amor y ciencia; no podemos vivir según nuestros sentimientos, no podemos vivir según nuestros pensamientos, porque los sentimientos y pensamientos son deseos humanos, tenemos que vivir como Dios quiere, como Dios desea y como Dios siente, para que nos selle el Espíritu Santo de Cristo. Los discípulos de Hch. 19 no fueron llamados por Jesucristo pues solo los llamados fueron los primeros doce, y se entregó a sí mismo por ellos, les dio toda su vida les entregó todo su conocimiento, se entregó con todo su amor, los soportó, pero pagó por todos nosotros y no le quedó debiendo nada ni a sus discípulos, ni tampoco a nosotros. Tenemos que entender que no le hacemos un favor a Dios con ir a la iglesia, no le hacemos un favor con orar, no le hacemos un favor con creer la enseñanza, porque es bíblico. Si hacemos lo que estamos enseñando entonces seremos grandes y viene sobre nosotros toda la gloria de Dios; pero, como hombres queremos que nos prediquen de lo que nos gusta, que nos hablen como nos gusta, y que nos profeticen lo que nos gusta, nos disgusta que os hablen sinceramente con verdad. Jesucristo habló con plena verdad diciendo hipócritas, sepulcros blanqueados, arrepiéntase; habló con dureza contra los ricos, los maltrató, fue grosero con ellos; pero a los ricos de este mundo y a aquellos que tienen buena posición en la iglesia nos les gusta escuchar la verdad y por ello se apartan de la iglesia; pero gloria a Dios por nosotros los que hemos recibido la palabra y seguimos en la iglesia, entendiendo que no podemos ser cristianos profesantes sin Cristo y sin el Espíritu Santo; sencillamente tenemos que estar haciendo lo que Dios quiere, lo que Dios desea y lo que Dios piensa, sin ignorar el precio pagado en la cruz para que seamos obedientes hagamos lo que tenemos que hacer y no lo que queremos.
(1Co.6:19) “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois nuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. No podemos ignorar que nuestra vida costó la sangre de Jesús y que tenemos que ser testimonio a todas las personas. Hemos perdido la enseñanza sin macula, sin arruga y hemos cambiado la predicación por una enseñanza lisonjera, por una predicación que agrade a los hombres, por una predicación que no moleste a nadie, que no ofenda a nadie; pero, tenemos que exhortarnos unos a otros como dice la palabra, y exhortar es regañar; por eso, una exhortación nunca puede ser lisonjera, porque Dios no mandó a los pastores a hacer amigos si no a hacer discípulos, y está faltando la verdadera predicación en la iglesia de hoy en día.
En la mayoría de predicaciones hay solo deseo y cariño para que las personas se sientan consentidas en la iglesia pero no hay nada de Dios ni del Espíritu Santo. Tenemos que cuidarnos de esto, tenemos que llamar al pecado, pecado e inmundicia; si tenemos dificultades tenemos que prestar atención a nuestras actitudes, porque generalmente estas nos llevan a la dificultad, o sea, nuestros pecados. (Is. 62:6) “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le des tregua, hasta que resplandezca a Jerusalén, y la ponga por alabaza en la tierra”. Exegéticamente estamos hablando de la segunda venida de Cristo y la restauración reinado milenial, de la paz venidera, la que viene cuando sea el Señor Jesucristo restablecido e cada alma y en cada corazón después del juicio, después de la ira del Señor, después de la ira venidera (Is. 61 y 62).
El Señor nos ha puesto atalayas, nos ha puesto centinelas, nos ha puesto predicadores, para que nos esté redarguyendo y exhortando. Ahora los que nos acordamos del Señor somos aquellos que lo pensamos, porque Dios anhela que los pensamientos y los dichos de nuestra boca le agraden; así que, si pedimos al Espíritu Santo que venga e intermedie por nosotros e interceda por nosotros, el Espíritu Santo cambiará nuestros pensamientos y va a cambiar nuestro corazón; si nosotros decimos que amamos al Señor lo tenemos que recordar y si lo recordamos tenemos que ir a orar. No podemos ser aquellos que pasamos la vida corriendo a trabajar, llegando exhaustos en la tarde, y dormirnos extremadamente cansados, no podemos pasar el día sin orar, porque si así son todos los días entonces, al venir a la iglesia nos quejaremos de las circunstancias y no entenderíamos que nuestro corazón nunca ha estado con el Señor; pero Dios nos dice que aquellos que nos acordemos del Señor estemos pendientes de Él.
(Is. 62:10) “Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos”. El Señor nos está enviando a predicar, a exhortar, a enseñar, a interceder por los hermanos que están débiles; interceder por el esposo, por la esposa; interceder por los hijos; interceder por las necesidades de la iglesia; interceder por el país, por los gobernantes; interceder por los pastores y por nosotros mismos. Allanar, limpiar y orar es lo que tenemos que hacer los cristianos.
(Is. 62:11) “He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra”. Si nos sacrificamos por el Señor vamos a recibir recompensa. (Is. 61:6) “Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes”. Para que seamos llamados sacerdotes, tenemos que ser sellados por el Espíritu Santo y tenemos que confesar la palabra y predicarla y tiene que reflejarse en nuestra vida el mensaje. ¿A cuántas personas enseñamos al día?¿A cuántas personas les estamos llevando el evangelio?¿A cuántos estamos arrebatando de la inmundicia del mundo?¿A cuántos les estamos presentando el evangelio?¿Cuál es nuestro testimonio? Todos los que prediquemos el mensaje, que seamos sinceros y honestos con el Señor, seremos ministros del Señor y seremos llamados por ese nombre y comeremos las riquezas de las naciones y con su gloria seremos sublimes.
Cuando el Espíritu Santo está sobre nosotros y somos sellados por el Espíritu Santo declaramos esta palabra (Is. 61:3) “Venimos a ordenar que a los afligidos de Sion demos gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”. Nuestra vida como hijos de Dios debe ser para la gloria de Él. (Is. 61:4-5) “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Y extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores”
(Is.61:10) “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas”. Dios nos va a consentir, seremos bendecidos y prosperados, nos dará la herencia de esta tierra. Dios tiene cosas grandes para nosotros y por eso Dios nos ha llamado la atención en Hch. 19, para que no seamos de aquellos sacerdotes, o de aquellos discípulos sin el Espíritu Santo, pues fueron bautizados por segunda vez y les fueron puestas las manos, ministrándolos para que llegara el Espíritu Santo.
Recibamos entonces esa ministración “Gracias Señor, queremos ser esos discípulos llenos del Espíritu Santo, llenos del Espíritu de Cristo; llamados a traer conciencia a la tierra, llamados a despertar al Espíritu Santo en todos los hombres de esta tierra, recibimos el poder de tu Santo Espíritu, llénanos de tu palabra Señor y empodéranos, enséñanos a ser sacrificados para ti, que tu palabra sea vida en nuestra vida Señor. Marca hoy un antes y un después, danos hambre y sed de justicia, por conocer tu palabra y vivirla”. Amén, amén y amén.

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