DESATANDO LA PAZ DE DIOS SOBRE SUS HIJOS

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DESATANDO LA PAZ DE DIOS SOBRE SUS HIJOS
No tengamos miedo, no nos preocupemos porque el Señor está con nosotros. Hay un espíritu que quiere trabajar en contra de la iglesia cristiana. Es un espíritu de afán, de preocupación, es un espíritu que quiere robarnos la paz, es un espíritu de estrés, de inasosiego. ¿Cuántos hemos pasado preocupaciones fuertes, que nos quiere quitar el sueño y el descanso, que quiere atacar nuestra vida? Pues Dios es fiel y quiere entregarnos esta palabra para tener paz, pues el enemigo ha querido atentar contra nuestra vida, y sobre todo en un aspecto muy importante nuestra paz, esa paz que Dios quiere colocar en nosotros, luego quiere atacar nuestra salud y economía.
Vamos a tratar estas tres áreas, para ello es necesario hablar de la paz de Dios. Los pastores creemos que la iglesia está en el mismo depósito de unción de paz de Dios que el nuestro, aunque esto no quiere decir que no seamos atacados, pero si nos permite, con todo el peso de la autoridad de la palabra, que Dios guarda nuestra vida y no debemos tener miedo ni dejarnos quitar la paz.
Leamos entonces Jn.14:27 y no olvidemos en ninguna circunstancia esta palabra porque es necesario que quienes creemos en el Señor recibamos y sintamos su paz. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Parafraseando este versículo trataremos algunos temas o tópicos que el enemigo ha querido enfrentar contar nuestra fe, concordemos también esta palabra con el libro de Juan capítulo 17, donde Dios nos habla de que ha entregado su gloria a los hombres.
El Señor está diciendo que la paz de Él es la que nos ha entregado a nosotros. “La paz os dejo, mi paz os doy” Cuando Él nos dice que “la paz nos deja” quiere decir que la paz del Padre, de Adonai, de El Eterno, de Yawé, del Señor, que la paz del cielo que es parte de la gloria de Dios nos deja, pero también añadió algo más y es que la paz de Él, la personal, también nos la entregó.
Veamos el ejemplo: Como el Señor puede decirte tenga paz, y la paz del cielo te entrego, y la paz mía te doy, sabiendo que dos o tres días más tarde lo iban a crucificar, podría ser una hipérbole esto, que el Señor de los cielos, Dios en persona, esté diciendo tenga paz, no se preocupe por nada y tranquilo que no va a pasar nada, sabiendo que si estaba pasando, sabiendo que sí iba a pasar, y él mismo por boca de sus discípulos les había confirmado una sentencia de muerte igual a la de Él, y que iban a sufrir el terrorismo más grande que jamás haya podido sufrir una persona y que ellos iban a ser perseguidos a muerte y que en efecto iban a ser muertos, algunos crucificados, otros encarcelados, y que la pelea iba a ser a muerte y el Señor les está diciendo no te preocupes la paz del cielo de dejo y mi paz también te entrego. ¿Podemos situarnos en ese panorama?
No es fácil cuando un médico le dice a una persona que tiene cáncer y se va a morir y tenemos el siguiente testimonio: “Un hombre en una cruzada en Cuba llegó con un problema de próstata y no podía eliminar la orina y eran tales los dolores que él tenía y se lanzó la palabra, y tenía un cáncer, le dijeron que se iba a morir y no es fácil decirle no te preocupes que Cristo está contigo y la paz de Dios está contigo”, aquí el asunto es de creer o no creer.
Ahora veamos un versículo poderoso que Dios dejó en Jn.16:33 y es un versículo que nos promete todo el sufrimiento del mundo y ninguna paz pero que si lo creemos vamos a ser vencedores, leamos “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Jesucristo está diciendo les recuerdo algo el que quiera mi paz reciba mi paz pero en el mundo van a sufrir, si se dejan, él no nos viene a prometer nada fácil acá. El problema aquí es que si los cristianos no estamos entendidos en el poder de Dios, si los cristianos no hemos subido al nivel y al estadio de fe que Dios quiere, no vamos a estar empoderados cuando venga la aflicción. Siempre que venga una palabra de bendición (Mt. 13), recordemos que siempre que viene una bendición seremos probados por esa palabra y muchos cuando han sido probados por esa palabra de bendición han perdido; la ha perdido a causa de la prueba que viene porque desafortunadamente ninguna bendición de Dios es gratis.
Para que tuviéramos la paz, Jesucristo tuvo que ser golpeado, perseguido en cada momento de su vida, desde que Él nació, aún desde antes de nacer había una profecía bíblica que decía “te van a tratar de cortar la cabeza”. Desde el antiguo testamento los profetas émulos del Señor Jesús, los profetas mesiánicos, los profetas que hablan de la profecía mesiánica fueron atentados de muerte, fueron perseguidos y desde el vientre de sus madres fueron perseguidos y buscados para deshacer su vida. Ninguno de los cristianos que recibimos una palabra de fe, una palabra de bendición vamos a tener paz, tranquilidad y sosiego, nos toca pelear por esa paz, empoderarnos por esa paz, luchar por esa paz y por ese sosiego.
No es fácil creer la palabra de Dios, pero cuando los cristianos podemos entender que tenemos que superarnos a sí mismos, podemos creer la palabra, porque con nuestra fe no podemos recibir nada, con la fe que tenían los apóstoles no pudieron hacer nada (Mt. 17:17); tuvieron que tener la fe de Jesús, tuvieron que superarse, tuvieron que batir el record de ellos mismos, superarse a sí mismos para poder ascender a un estadio superior de fe. Así que si queremos tener la paz de Jesús, la vamos a tener, si queremos tener la paz del cielo, la vamos a tener, si queremos la paz de Dios la vamos a tener, pero tenemos que superarnos a nosotros mismos y entender que ninguna circunstancia está por encima de Dios, siempre está por debajo, ninguna lucha, ninguna enfermedad, nada está por encima de Dios, siempre está por debajo; no hay nada en esta vida que nos gane si estamos con Él, nada nos puede vencer, porque con Él somos más que vencedores, porque “con Cristo somos más que vencedores” porque todo lo puedo en él que me fortalece, pero, tenemos que usar esta palabra, el Señor nos reitera que estas cosas nos ha hablado para que tengamos paz pero no en el mundo sino en Cristo y tenemos que buscarla en Él, pues si queremos superarnos a nosotros mismos tenemos que hacerlo en Cristo Jesús, si queremos gobernar esta vida tenemos que hacerlo en Cristo Jesús, si queremos sobreponernos a las circunstancias tenemos que hacerlo en Cristo Jesús, queremos ser más que vencedores tenemos que hacerlo en Cristo Jesús, no en nuestra humanidad, pues ella nos mira a la muerte, nos mira a la carne y la paga del pecado es muerte.
“En el mundo tendréis aflicción, pero confiad”, esta palabra del griego es PISTIS “fe sobrenatural”, “esperanza bienaventurada”, es la confianza que tenemos en él, y no está buscando cristianos oligopistos (cristianos de poca fe), está buscando hombres pistis que podamos tener la esperanza bienaventurada en Él. Tenemos que saber que si Él nos envía, Él nos trae; si Él está con nosotros guarda nuestra vida, nada nos puede pasar si Él está con nosotros.
“Pero confiad, dice el Señor, yo he vencido al mundo” y todavía no lo habían matado. El Señor Jesucristo le estaba enseñando a su discípulos una fe que Él mismo necesitaba ejercer, porque no había muerto y apenas estaba compartiendo era la última semana de Él en la tierra, y sabía lo que le iba a ocurrir y sabía que lo iban a matar por eso les estaba hablando en Jn. 14:27 y en Jn. 16 les está diciendo “estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz”; Él estaba ejerciendo una fe que necesitaba y que era necesaria para poder cumplir su objetivo, les estaba hablando de fe, les estaba hablando de paz, sabiendo que lo iban a matar, que lo iban a perseguir y que lo iban a crucificar, o mejor, que lo íbamos a crucificar y Él tenía paz y estaba empoderándose de esa palabra que necesitaba ejercitar para superarse a sí mismo.
Pero “confiad” “pistis” “yo he vencido al mundo” y aún no lo había vencido. Lo que el Señor Jesucristo estaba viendo aquí, era la esperanza bienaventurada por la cual nosotros estaríamos entrando al cielo; en ese momento Él estaba viendo por fe que nosotros estaríamos hoy después de dos mil y tantos años predicando su palabra, que estaríamos recibiendo su palabra y recibiendo la medida de fe de Él que es necesaria para que subsistamos y triunfemos; necesitamos esa medida de fe de Jesús, así que tenemos que pedirle al Señor que nos de su medida de fe en nosotros, porque no podemos seguir caminando en nuestra fe, no podemos seguir creyendo como estábamos creyendo, tenemos que creer en él y ejercitar la fe que él estaba ejercitando en ese momento, superándose a sí mismo, pues si no estamos a la estatura de Cristo no podemos ir al cielo, tenemos que llegar a esa estatura de fe, pero solo se puede ejercitar en la guerra en nuestra propia guerra.
Estamos metidos en una guerra y no nos hemos dado cuenta y es por nuestra propia vida, es a muerte. No podemos entender como una persona se entrega ante el enemigo (robo, atraco, violación, muerte) sabiendo que tenemos todo el poder y que ninguna arma forjada contra nosotros prosperará, y podemos asegurar una cosa salvo por voluntad de Dios (Ap. 6 y 8) ninguno de los cristianos estamos destinados para morir por arma de fuego, por accidentes de tránsito, en circunstancias desesperadas o improvistas; pero, hay otra circunstancia que Dios a veces lo permite porque nos hemos dado por vencidos, porque nos hemos entregado; Dios está buscando hombres valientes que arrebatemos violentamente sus bendiciones como Él lo hizo, cuando Él lo dijo en Mt. 11:12 es porque se estaba viendo superándose a sí mismo como hombre siendo Dios.
Nosotros nos podemos comportar de una manera extraordinaria si sabemos de dónde somos ciudadanos y podemos hacer cosas inexplicables porque Dios nos respalda pero si lo hacemos en nuestras propias fuerzas jamás podríamos ni mover un dedo. Si nos dejamos dominar por una circunstancia teniendo a Cristo, entonces no conocemos a Cristo, si no peleamos por esa circunstancia, no conocemos el poder de Dios.
Hay circunstancias en que tenemos que humillarnos pero hay otras en las que nos tenemos que empoderar. Jesucristo venció al mundo con valor, con valentía. Cuando Él pronunció el discurso más polémico de la historia en Israel, cuando dijo que el Espíritu Santo estaba sobre Él y que era el Hijo de Dios, lo sacaron de la sinagoga, lo llevaron a un monte y lo iban a asesinar; pues tuvo que empujar la gente, golpearla para pasar al lado de ellos. Muchos teólogos dirán que esto no es bíblico pero al estudiarlo vemos que si, pues si alguien nos va a tratar de matar, no creamos que con pedir disculpas nos va a dejar vivos.
No tenemos que tenerle miedo a la muerte, tenemos que tenerle miedo a Dios por si viene por nosotros y estamos en pecado; por eso hay que cambiar, arrepentirnos, es el momento de apartarnos y empoderarnos para gobernar las circunstancias y estar sobre natura, sobre las circunstancias de esta naturaleza.
Vamos a estudiar las tres áreas en las que el diablo está queriendo que nos demos por vencidos. Una de las áreas en que el diablo quiere atacar en nuestra vida es la economía, luego el área sexual y por último el área de la salud. El diablo quiere atacar primero nuestra economía, para dejarnos con los brazos abajo; quiere atacar nuestra santidad, para dejarnos sin poder; quiere atacar nuestro cuerpo para matarnos porque somos enemigos de él.
Veamos ahora Lc. 12:22-25, 29 “Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, que vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud”. Jesucristo estaba hablando de economía, está hablando de las personas ricas, está hablando de que no es malo tener dinero pero lo que sí es malo es poner la esperanza en él y que todo en la vida del hombre se convierta en dinero y economía, estaba diciendo esto no es malo, lo que es malo es que su dios sea el dinero. El 90% de la palabra de Cristo del nuevo testamento es solo economía y economía de gracia, o sea, una economía próspera y vamos a ver cómo llegar a esa economía próspera, a esa santidad poderosa y esa salud extraordinaria que Dios quiere que tengamos.
El Señor hablando sobre las necesidades básicas, necesarias, indispensables e inalienables a la vida humana. Dios sabe que necesitamos comer, Dios sabe que no podemos salir sin ropa a la calle, Dios sabe que necesitamos la salud, Dios sabe que necesitamos una casa donde pueda reposar, Dios sabe que necesitamos todas las cosas de esta vida; pero Dios sabe también que lo que puede matar el cuerpo y la salud es el afán y la ansiedad; con una necesidad inherente a la inconsciencia de la fe, porque es la que trae el repudio de parte de Dios, es la que trae el afán y la ansiedad y la frustración en el área financiera, en el área sexual, conyugal y en el área física o sanidad, porque la salud viene cuando tenemos paz, cuando podemos comer tranquilos, cuando podemos dormir tranquilos, cuando podemos trabajar tranquilos. Sabemos que vamos a tener todo y que no nos vamos a preocupar por nada y esa es la verdadera prosperidad celestial. La prosperidad comienza cuando tenemos salud, cuando tenemos paz de Dios, cuando no nos afanamos, ni estamos en ansiosa inquietud por nada; porque si podemos ascender a un estadio de razocinio espiritual, a un estadio de fe y de esperanza bienaventurada, vamos a estar tranquilos; aún si estamos bajo amenaza de muerte, podemos estar tranquilos; porque sabemos que una amenaza solo puede ser una amenaza; que una necesidad no puede pasar más allá de la respuesta a esa necesidad, que un estadio de enfermedad no puede pasar sino a un estadio de sanidad, lo que viene es un estadio de prosperidad.
No podemos estar ansiosos ni preocupados por nuestra vida, porque esto es un mandamiento, que no nos preocupemos por nada, ni por qué comer, ni por qué beber, ni por qué vestir, ni por qué trabajar, ni por nada, Dios no nos manda a preocuparnos por nada. No podemos preocuparnos por absolutamente ninguna circunstancia de la vida, porque comprobamos por la palabra que si aún nosotros no trabajamos vamos a tener todas estas cosas. No quiere decir que seamos holgazanes, Dios nos guarde, porque dice la palabra que el que no quiera trabajar no el que no trabaje, sino el que no quiera trabajar que no coma, o sea, que pase hambre para que quiera trabajar; pero si estamos en un desempleo ocasional, circunstancial, si tenemos un compromiso económico (mal llamado por la falta de fe deuda) porque no podemos pagar, o porque podemos pagar entonces porque preocuparnos, si cuando viene u estadio de necesidad viene un estadio de producción, de fruto. Leamos Lc. 12:27 “Considerad los lirios, como crecen; no trabajan, ni hilan; más os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos”. No hay persona más pobre que un millonario cuando no tiene a Cristo, no hay persona más pobre y miserable en este mundo que un multimillonario sin salud, sin el Señor; es un pobre vasallo, es un sátrapas sin nada; pero, no hay persona más rica que nosotros, porque la gloria de Dios es tan poderosa que viene su paz con esta palabra.
Lc. 12:29-30 “Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas”. No nos preocupemos por lo natural de la vida porque Dios nos da todas las cosas. Si no tenemos empleo no nos preocupemos porque comeremos mejor que los millonarios, porque es bíblico.
Las personas del mundo, los no creyentes y también impíos (los que conocen del Señor, pero hacen lo que les provoca) buscan estas cosas, preocupados y en angustiosa necesidad, pero si como cristianos hacemos esto entonces estamos en pecado, porque desobedeceríamos un mandamiento de paz que Dios nos ha otorgado. Así que si nos queremos volver vagabundos faltemos a este mandamiento y hagamos lo contrario de lo que Dios nos está diciendo; entonces, preocupémonos, estemos ansiosos, y esto es pecado con el mandamiento de la paz que Dios nos ha entregado a nosotros como cristianos, a la cual tenemos derecho como hijos de Dios, es un derecho del cielo, es un derecho de coosanguinidad que Dios nos dio a nosotros por ser hermanos de Jesús.
No podemos preocuparnos por nada porque Jesucristo ha tomado nota de nuestra necesidad, y Él sabe que necesitamos estas cosas, y sería un mentiroso Dios en el cielo y sería un mentiroso Jesucristo si no nos diera todo lo que necesitamos. Dios sería mentiroso si no nos cumpliera esta palabra, Dios sería mentiroso si pasáramos hambre, y si estamos pasando hambre, es porque estábamos en ese pecado que estamos revelando aquí. Veamos ahora Lc. 12:31 “Más buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas”. El Señor nos está diciendo que si entramos en su paz, busquemos el reino de Dios, para que todo lo que necesitamos nos es añadido y entendamos que el griego añadir significa “poner nuevo sobre lo que no hay”, es decir, nos será otorgado nuevo sobre lo que no tenemos, y será sobreabundado lo que tenemos y sobre lo que tenemos nos será añadido más, la palabra añadir en el griego, en este texto, quiere decir poner sobreabundantemente, poner sobre el fundamento que no había, poner fundamento y abundar en ese fundamento; redundando en esto decimos que, si no tenemos un bien, Dios nos pone el bien y sobre ese bien le pone más bien y esto se llama bendición ( sobreabundar en las bendiciones); ahora bien ¿qué es el Reino de Dios? (Mt. 6:33) “Más buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. El Reino de Dios es la palabra, y la justicia o hacer justicia en el Reino de Dios es caminar, obedecer y ser fiel a esta palabra, redundando su justicia es hacer lo que dice la palabra, es decir, ser absolutamente sujeto a la palabra.
¿Cómo podemos entrar al Reino de Dios? El Reino de Dios no está en ninguna parte, está en nuestro corazón y aunque esto ya lo sabemos Dios revela que el Reino de Dios no está aquí o allá sino que está “ENTOS”, por ello, tenemos que buscar su Reino dentro de nosotros (Ro. 14:17) “Porque el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” pues lo que es comida y bebida es mundo, es carne; pero para la gloria de Dios si hay comida y bebida en el Reino, y lo que nos quiere decir el Señor es que esto no es importante, lo importante es el Reino de Dios y su justicia.
Lo que debemos tener en nuestro corazón para saber si estamos en el Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, y esto es lo verdaderamente importante. El corazón de nosotros como cristianos está falto de esto, y así no podemos entrar en su reino; tenemos que examinar nuestro corazón para que haya paz, que haya gozo pero en el Espíritu Santo, que no haya rencores, que haya amor, que haya fe, que haya confianza en Él. Nuestro corazón tiene que ser un nido de algodón de tranquilidad y paz en el Espíritu Santo. Si el corazón nuestro como cristianos está preocupado por los negocios, entonces caemos en los versículos del rico insensato (Lc. 12:13-21) donde este joven sólo se preocupaba por hacer y hacer riquezas y el Señor le dijo: “necio (insensato), esta noche te voy a pedir tu alma y todo lo que tú has trabajado ¿de quién será?”; así que, en el corazón de muchos hombres y mujeres de Dios está solo el afán, el deseo carnal, solo el deseo de tener sexo, solo el deseo de tener salud, está solo el deseo de vivir bien, pero no está el deseo de predicar la palabra, de amar al que tiene al frente, al lado, al que lo odia, al que es insoportable, al que no nos soporta a nosotros tampoco, compartir la tranquilidad que hay en la bienaventurada palabra de Dios.
¿Sabemos que es el Reino de Dios? ¿Sabemos por qué murió Cristo? Porque Él quería que estuviéramos con Él, y por eso tenemos que preocuparnos por compartir esto, para no irnos solos para el cielo y que de pronto Dios nos saque del cielo por haber sido tan egoístas, de no compartir su reino con nadie. Jesucristo compartió su reino hasta con los impíos, con los herodianos (seguidores de Herodes Antipás), con los griegos, con los fariseos, con los saduceos, con toda la gente de aquellas regiones que no creían en el Señor, y mandó a sus apóstoles, arriesgando sus vidas, porque los mandó sin armas, los mandó sin túnica, los mandó sin dinero, con un solo par de sandalias a todos los países que habían alrededor; así que reflexionemos ¿De qué está lleno nuestro corazón? ¿De afán, de ansiedad, de odio, de venganza por los que nos han hecho daño? y tan pronto como pueda llegar esa posición que tanto le hemos pedido al Señor ¿desquitarnos de los demás? Y cuando seamos líderes en la iglesia y alguien nos mire mal ¿maltratarlo?, nuestro deseo de hacer dinero es porque la demás familia que nos rodea tiene más dinero y ¿no queremos estar por debajo, y queremos demostrar que somos más valientes que ellos?, ¿ese es el deseo de las riquezas?, ¿esa es la preocupación de hacer dinero?, ¿queremos tener tapete rojo al andar y que la gente nos reconozca? Entonces, nos hemos olvidado del Reino de Dios, que es perdonar, que es llevar esta palabra de salvación, que es llevar esta palabra de despreocupación por el mundo y preocupación por la vida de las almas, ¿De qué está lleno nuestro corazón?.
El Reino de Dios es no preocuparnos por las cosas humanas sino justicia, que es no hacer el mal a los demás, lo que no queramos que nos hagan a nosotros no lo hagamos a los demás, como queramos que los demás hagan con nosotros así hagamos con ellos; que haya paz, que no haya ninguna preocupación humana solo espiritual, que nos superemos a nosotros mismos; que haya gozo en el Espíritu Santo y esto no es la adoración ni la alabanza en la iglesia es que llevemos almas a los pies de Cristo y sean salvas; el gozo en el Espíritu Santo es que aquella persona que era drogadicta la hayamos sacado de la drogadicción y esté congregándose en la iglesia, bautizada y siendo fiel; el gozo en el Espíritu Santo es que el adultero, el borracho, el fornicario, etc., esté en la iglesia de rodillas dándole la gloria a Dios; el gozo en el Espíritu Santo es que cuando el Señor nos llame podamos decirle trajimos a uno y a otro a compartir el cielo con nosotros y Dios nos pueda entregar nuestro galardón y nuestra corona.
A veces nos preocupamos más por nosotros que las verdaderas cosas de Dios (Ro. 14:18) “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada Dios, y es aprobado por los hombres”. Los que predicamos el mensaje, los que cumplimos estos mandamientos que hemos especificado en Jn. 14:27, Lc. 12:22 seremos aprobados por Dios, y por ende tiene aprobación de los hombres; (Ro. 14:19) “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”, el Señor nos está hablando de dar el testimonio correcto del Reino de Dios y su justicia para que los que nos vean se conviertan sin necesidad de que hablemos, debemos evangelizar con nuestro testimonio y si tenemos que hablar entonces luego hablemos; no necesitaremos hablar si estamos llevando el Reino de Dios y su justicia y superándonos a nosotros mismos, luego nos preguntarán y podremos hablar.
La paz tiene que estar en nuestro corazón, el Reino de Dios y su justicia tiene que estar en nuestro corazón, tenemos que recibir al Señor Jesús en nuestro corazón para poder tener paz, pues no podemos tener paz con el mundo; la paz, tenemos que buscarla dentro de nosotros mismos; la paz viene cuando hemos recibido al Señor, cuando Yeshua Hamashiaj, el Hijo de Dios, el Mesías pueda morar y vivir en nuestro corazón, en nuestro corazón encontraremos la verdadera paz que el mundo no nos puede dar y entonces tendremos dentro de nosotros al Príncipe de Paz, a Emmanuel, a Dios con nosotros. (Is. 9:6) “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”
Encontramos que aquí están manifestados los cinco ministerios del apostolado cuando nos dice la palabra “ porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro” quiere decir que le es entregado todo poder en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra; y si el que tiene el poder sobre los cielos y la tierra está dentro de nosotros, nosotros tenemos el principado de Él; no podemos andar con nuestra fe, porque para que podamos vivir en esta tierra tenemos que andar con la fe de Jesús, no podemos vivir en nuestras fuerzas, tenemos que andar en el poder de Dios, en el poder de Jesús. Cuando dice “Admirable” está hablando del don del maestro (Ef. 4:11) está hablando del poder del que enseña la palabra, y nos está diciendo que tenemos que enseñar su palabra. Cuando dice “Consejero” está hablando del don o del ministerio del pastor, porque nosotros somos los que aconsejamos. Cuando dice “Dios Fuerte” está hablando del don o del ministerio del evangelista, porque solo con el poder y el brazo de Dios podemos convertir a los seres humanos y es a través del evangelismo explosivo, cuando somos enfrentados a nuestros propios pecados y nos arrepentimos de corazón, y con esta palabra somos enfrentados y ministrados porque viene de la boca de Dios, el Reino de Dios y su justicia para que seamos personas diferentes y entonces tendremos paz.
Cuando tenemos la paz de Dios, podrá temblar la tierra dice la palabra y estaremos seguros, podrán venir las aguas a anegarnos y estaremos tranquilos, pasaremos por el fuego y no nos quemaremos, pasaremos por las aguas y no nos ahogaremos, la inundación no podrá llegar a nosotros (Sal. 32:6) (Is. 43; Is. 54:17) todo está en la palabra, el Reino de Dios y su justicia en nuestro corazón.
El Señor Jesús no puede vivir en un corazón con odio, con rencores, con resentimientos, con cizaña, con chisme y murmuración, con espíritu de venganza, con vanidad y orgullo, con deseo Reino de Dios su justicia. Dios no puede vivir fuera del cielo Dios vive en tu corazón por fe.
Cuando dice “Padre Eterno” es el don o el ministerio del profeta, porque por eso Dios hablaba al oído a los profetas, para que los profetas hablaran al pueblo los designios y los deseos de Dios; y cuando dice “Príncipe de Paz” está hablando de apostolado, del apóstol y profeta, por eso nos dice la palabra en He. 3:1 “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús”, estos son los cinco ministerios revelados cuando viene a nacer en nuestro corazón Emmanuel, el Príncipe de Paz, Dios con nosotros.
Hagamos esta oración para que el Señor nos ministre “Señor desciende tu paz sobre nosotros, tu prosperidad celestial y pluralidad vengan sobre nuestra vida. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guarde nuestros pensamientos, nuestros corazones, nuestra economía, nuestra familia, salud, prosperidad en Cristo Jesús, recibamos la paz de Dios. Señor Príncipe de Paz, ven a nuestros corazones queremos sentirte, queremos que cambies nuestra vida, que seamos un vaso de honra, queremos ser diferentes, minístranos tu paz, esa paz de Jn. 14:27 la paz que hay en el cielo, y tu paz la queremos Señor, queremos tu paz amado Yeshua Hamashiaj, minístranos tu paz, necesitamos tu paz Señor para seguir viviendo, muéstranos en nuestro corazón tu Reino y tu justicia, derrama dentro de nosotros tu paz y tu gozo en el Espíritu Santo. Venga tu paz a tu iglesia Señor, ven Señor porque tu paz no tiene límite, llénanos Señor, en el nombre poderoso de Cristo Jesús. Amén, Amén y Amén.

En este tiempo de afanes y circunstancias difíciles es necesario buscar la fortaleza y paz del Señor, porque solo en Cristo podemos hacer todas las cosas, Él nos ayuda en nuestro diario vivir, a enfrentar con tranquilidad todas las situaciones que a la final nos sirven para moldear nuestro carácter y superarnos a sí mismos; además, produce en nosotros confianza absoluta en el Rey de Reyes y Señor de Señores, esperando la respuesta en el Espíritu Santo, dando testimonio del poder sobrenatural de Dios y manifestando su gloria.

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